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  • El Vivero

Prácticas del off en el 17 Festival Internacional de Teatro de La Habana

Actualizado: may 11

Por Yohayna Hernández González

“tele sin embargo anhela

no temer al adverbio

retozar con los cabellos y la acción

electrificar ese morfema

en su propio lexema”

Marien Fernández Castillo, Penélope aserrando televiché, ediciones sinsentido[1]




El HabanaOFF-escala 1, coordinado por Osikán - vivero escénico experimental y el Laboratorio Escénico de Experimentación Social (LEES), propuso a los espectadores del 17 FTH un recorrido físico y escénico por un grupo de espacios y de prácticas instalados en el afuera del circuito de las salas teatrales de Línea. El apartamento 103 del Edificio López Serrano[2], el espacio recuperado del Teatro Fausto,[3] la Alianza Francesa de Prado y Trocadero, las calles de Centro Habana o de Guanabo… Un afuera del teatro (como espacio físico) que también contenía otros afueras en el tipo de escenarios que generan las prácticas presentes en esta ruta de programación.

Un análisis particularizado de cada una de las obras presentadas en el HabanaOFF no traduciría la experiencia de su concepción ni de su impacto, porque la escala del HabanaOFF está colocada en otra parte. Tiene que ver con las maneras de autorganización y de presentación de un contexto creativo que, independientemente de sus diversas búsquedas de lenguaje, comparte una descolocación del formato obra y explora otros espacios, dinámicas de trabajo, estrategias de gestión y de sostenibilidad y públicos en común.

Hablo de proyectos creativos que intervienen un barrio (Re-construcción de Raymel Casamayor) o un edificio (Diccionario de cubanismos López Serrano [4] o Son recuerdos difíciles de olvidar[5]); que construyen escenarios ficcionales para empoderar otros cuerpos y voces (Solidaridad con Guanabo. Taller-festival de coreógrafos amateurs de Luvyen Mederos y Baquestritbois de José Ramón Hernández); que deconstruyen y se cuestionan las representaciones hegemónicas (no solo las escénicas, sino también las familiares, las históricas, las políticas, las patriarcales, las heterosexistas… Family Trash. Coreografía de la ausencia de José Ramón Hernández, Así quiero. La familia como teatro, del LEES, Charlotte Corday y el animal, de Martha Luisa Hernández Cadenas, Diario de campaña de Pedro Enrique Villarreal, El cuerpo de Nora de Karina Pino Gallardo y Alessandra Santiesteban). Proyectos con formatos indefinidos y mutantes, en los entres de la instalación, la intervención pública, escénica o sonora, el performance, lo coreográfico, la puesta en escena… en cuerpo… en voz (Bojeo de William Ruiz Morales, Gabriela Burdsall y Marien Fernández Castillo). Proyectos que en su mayoría no trabajan desde la estructura del grupo teatral, sino desde la creación colaborativa entre artistas que se agrupan para una investigación y creación particular.




Estos gestos artísticos presentes en el HabanaOFF forman parten de un contexto creativo que el Laboratorio[6] acompaña y potencia de manera sistemática hace más de 10 años en sus agendas de trabajo. En otros ensayos he pensado este panorama como la escena o las teatralidades “impertinentes”[7] con el deseo no de crear una etiqueta fija sino con la voluntad de desmontar sus estrategias de investigación, creación y gestión.

Si en otros festivales esta escena ha sido definida o colocada bajo segmentos curatoriales como “Otras escrituras…” o “Derivas espectaculares”,[8] lo interesante de esta edición del Festival Internacional de Teatro de La Habana, es que la ruta de programación se concibió desde el interior de este contexto de creación y pensamiento, como una iniciativa y propuesta del creador José Ramón Hernández Suárez a la dirección del Festival, en colaboración con la Residencia de Creación inServi y su programa curatorial.[9]

Ante lo impertinente, lo inServi o las prácticas del off como conceptos ideados para nombrar las búsquedas artísticas que nos obsesionan como comunidad de creadores, investigadores o gestores hay algo que particularmente me interesa: cómo afectamos y nos dejamos afectar a través de las relaciones (sensibles, políticas y sociales) que nuestros gestos poéticos producen, cuáles son los efectos que estas acciones generan en el encuentro, en el nosotros escénico o la comunidad efímera que conformamos. Cómo se ensayan e imaginan otras políticas del tiempo, del espacio, de los afectos, de la mirada, de lo común… Cuáles son los cuerpos, los lugares, los discursos, las subjetividades y los imaginarios que nuestras prácticas hacen visibles, qué tipo de crítica generan nuestros actos y espacios creativos.




Pienso en la exposición de dibujos que los niños de Gervasio y San Lázaro han realizado como parte de la dinámica del proyecto Re-construcción. Justo al lado de un grafiti callejero, firmado por un tal Melón con los signos Nike, Adiddas y Puma, ellos colocan un arcoíris con el texto “Amar el barrio”. Raymel Casamayor y Janis Reyes no solo apuestan por “re-construir” el tejido sonoro de un barrio y una ciudad. En la medida que su recorrido se relaciona con la gente –en particular una tropa de niños y niñas que todos los domingos los esperan con mucho entusiasmo–, la música y los juegos se convierten en estrategias sensibles de educación popular y en valores. Como artistas tienen claro la inefectividad de la prohibición del reguetón y otros pseudo productos culturales. Su operación consiste en una tarea de recuperación y difusión “a domicilio” de un patrimonio musical cubano (e internacional) en comunidades con poco acceso a los circuitos artísticos. Un acto de afirmación y de ensanchamiento, de reconocimiento del terreno e intervención sensible y lúdica, de persistencia. Que domingo tras domingo en las calles de Centro Habana que recorren se escuche Irakere (por solo poner un ejemplo), en lugar de Chocolate o Yomil y el Dany, es una “mínima gran” batalla en la que creo. Y lo digo y lo escribo desde la esquina de 51 y 160 en La Lisa, con el reguetón de fondo de mis vecinos, de los bicitaxis, de los almendrones, del agromercado, de los móviles que se escuchan ya sin audífonos, de la bocina para un estadio puesta, sin embargo, en un portal las 24 horas.

Estas prácticas del off no solo diversifican los escenarios, sino también los cuerpos y las posibilidades de quién tiene la palabra en la escena. Me refiero al testimonio audiovisual y sonoro en Baquestritbois[10] que comparte el espacio de la actuación o a las presencias/palabra de Andy Ruano (cantante y extransformista) y Rufino Nápoles (abogado). O la intervención de las cinco vecinas del Edificio López Serrano que completan la experiencia del Diccionario de cubanismo… aportando sus propios términos e historias o la expansión de lo coreográfico en el proyecto de Luvyen Mederos, primero a su familia y luego a sus vecinos de Guanabo.

Este gesto de construcción de escenarios para hacer visibles otros cuerpos, para darle la palabra al otro (no actor) también alterna, en las prácticas del off, con la actuación en primera persona. Aquella que deconstruye las narrativas y rituales familiares (la de los propios actores y performers en Family Trash… y Así quiero…) e históricos y patrióticos dominantes (inscritos en el cuerpo de Martha Luisa Hernández Cadenas, quien dialoga con el acto homicida de Charlot Corday desde su presente y biografía como mujer, artista, ciudadana e hija o de Roberto Gacio, en el Diario de campaña de un veterano del teatro cubano, sobreviviente de todas las contiendas).

Pero más allá de la naturaleza de los gestos artísticos y sus articulaciones con lo social y lo institucional que las prácticas del off contienen (también podría llamarlas prácticas impertinentes o inservis), me gustaría pensarlas como las ficciones de urgencia de un contexto creativo que problematiza el estar en el “in” y se resiste al “out”. Ese fue espíritu y el sabor que me dejó el HabanaOFF-escala 1 en el 17 FTH. Y justo ahí, en el entre del teatro, de la experiencia, de las prácticas, de la institución, de la gestión, de la programación de un Festival y de los deseos… radica su mayor fuerza, resistencia y fragilidad.

[1] ediciones sinsentido es un proyecto editorial creado por Martha Luisa Hernández Cadenas, Rogelio Orizondo y Arístides Hernández (ARES). En sus pequeños libros artesanales y sinISBN han publicado autores de la escena cubana contemporánea como Nara Mansur, Fabián Suárez y Marien Fernández Castillo. Cada tirada consta de 100 ejemplares firmados, fechados y numerados por el autor. Cada libro de ediciones sinsentido es un objeto artístico que expresa una estrecha relación con el autor y el proceso de escritura e investigación de los textos publicados.

[2] Durante todo el mes de octubre, en ese apartamento, se desarrolló la Residencia de Creación inServi, organizada por el Laboratorio Escénico de Experimentación Social. Creadores, especialistas, estudiantes, públicos y vecinos tuvieron la posibilidad de asistir a un espacio de investigación, creación, experimentación y difusión del arte escénico contemporáneo. [3] El equipo de Osikan Plataforma Escénica Experimental, con una trayectoria de limpieza y recuperación de espacios físicos cerrados con el objetivo de reactivarlos con programaciones culturales y escénicas, luego de su paso por los antiguos cines Ideal y Palace, se enfrascó en la recuperación del Teatro Fausto, con el apoyo del Centro, el CNAE y el 17 FTH. Este espacio se convirtió en la sede principal del HabanaOFF con un variado programa que incluía obras de la propia plataforma Osikan, de creadores internacionales como Christophe Haleb y fiestas performativas –El Mechón, La Gravilla y Acrikaché– que dieron vida y funcionaron como espacios de encuentro en las noches del Festival. [4] Proyecto resultante del Taller de creación impartido por el creador mexicano Rubén Ortiz, en inServi. Residencia de Creación. [5] Exposición de Artes Vivas de un grupo de estudiantes del Instituto Superior de Arte bajo la curaduría de la teatróloga, profesora y creadora Marta María Borrás. [6] El Laboratorio Escénico de Experimentación Social, antes Laboratorio Ibsen, es una plataforma de difusión, investigación y creación en torno al arte escénico emergente y experimental en Cuba. Sus agendas de trabajo anuales incluyen espacios de formación, residencias creativas, eventos temáticos, colaboración con creadores y especialistas internacionales. El Laboratorio es una continuación y actualización de la red de novísimos teatristas Tubo de ensayo (2017). [7] Yohayna Hernández: “Maneras de estar frente al otro: apuntes sobre la escena impertinente”, en La siempreviva, n.22, 2016 y “Salir del clóset (de lo dramático): Aproximaciones a la escena impertinente”, en La Gaceta de Cuba, n. 5, 2014. [8] Me refiero a las tres últimas ediciones del Festival Nacional de Teatro de Camagüey, en las que el teatrólogo Noel Bonilla, en calidad de curador y director del Departamento de Desarrollo Artístico del CNAE, ideó un segmento que hiciera posible la visibilización y el diálogo con estas prácticas, desde su sensibilidad y comprensión de estos procesos y las políticas de desarrollo de las artes escénicas contemporáneas, en particular de la danza, que impulsó durante su periodo de dirección. [9] A cargo de Martha Luisa Hernández Cadenas, Marta María Borrás, Dianelis Diéguez La O y quien escribe estas palabras. [10] Baquestritbois parte de una investigación sobre prostitución masculina gay en Cuba y como parte de su dispositivo artístico construye un espacio de exposición que complejiza la mirada al fenómeno desde la puesta en voz, en imagen y en cuerpo de testimonios de diversas procedencias (de campo, actorales, jurídicos, relacionales). La prostitución como un fenómeno que posibilita un análisis de mayor complejidad en torno a masculinidades hegemónicas y sexualidades disidentes en Cuba.











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