¡Yo nunca nunca he visto un karaoke escénico -una obra de teatro, en un sótano!

Por Maira Almarales Monier

No es que lo pasado arroje luz sobre lo presente, o lo presente sobre lo pasado, sino que imagen es aquello en donde lo que ha sido se une como un relámpago al ahora en una constelación.

(W. Benjamín)




Finalmente arriba al panorama teatral capitaleño Aleja a tus hijos del alcohol, puesta en escena de Jose Ramon Hernández Suárez, partir del texto homónimo de Rogelio Orizondo. El estreno tuvo lugar en el espacio alternativo el sótano del Teatro Nacional de Guiñol el pasado 15 marzo. El proyecto Aleja a tus hijos del alcohol fue merecedor de la Beca de Creación Milanés 2012, que ofrece la Asociación Hermanos Saíz para estimular a los jóvenes teatristas.

Rogelio Orizondo en Aleja a tus hijos del alcohol, expone el sufrimiento de un cadáver en descomposición, una emisora de radio con la afamada Selena y Yolanda, un guayabito ahogado en un cubo de agua potable, una claria que se come lo que le pasa por delante, una visita catártica a la virgen de la caridad, una historia personal en la ruta de una guagua cualquiera, un poco de lírica textual en honor al papa. Situaciones cotidianas sucumben ante la mirada del artista. Motivos, premisas para compartir dolor, desilusión, fe, presencias y ausencias de personas, no de personajes.

Jose Ramon Hernández Suárez por su parte ofrece desde la escena, una mirada muy particular. A través de la experimentación e investigación busca nuevas zonas de comunicación e interacción con el público; a la manera de karaoke escénico, campañas de prevención e intervención de expertos de vida que comparten experiencias.

Desde la concepción del espacio, el director propone un viaje a lo sórdido, a lo cutre. Vislumbra el dolor del texto de Orizondo, desde el desgaste del Sótano del Teatro Nacional de Guiñol, paredes pintadas de blanco y azul enmascaran como fachada, el deterioro y la precariedad.

Es en este punto donde el joven director comienza su creación. El sótano en estado de alerta, oscuro y subterráneo, se transforma en un espacio alternativo para la puesta en escena. Como espectadores traspasamos la sala convencional y llegamos al sitio donde el ambiente es ambiguo, con zonas que rozan un club nocturno o la oficina del guarda bolsos de la terminal de trenes.

Luces en matices ámbar y azul, una pianista y su instrumento, un refrigerador ruso y el cuerpo de una actriz ahogado en un cubo de agua no potable, dan la bienvenida a un espectáculo que dialoga con pautas del cabaret, la música en vivo y la provocación de formar parte de un karaoke escénico. Los espectadores se transforman en actuantes, desde la timidez o el temor, se involucran a través del tarareo de las canciones o con el juego de yo nunca nunca.



Como estructura de intercambio, el juego del yo nunca nunca, toma dentro de esta puesta en escena el carácter de material dramático personal. La invitación a tomar un trago de cubalibre, si lo que se dice es verdad, hacen que los espectadores compartan partes de sus vivencias o sentimientos. Aquí me confieso, yo nunca nunca he visto un karaoke escénico -una obra de teatro, en un sótano. El entorno condiciona, el ánimo y la energía. Lo sucio, lo raído, lo reciclado toma color, música y poesía. No afecta la estrechez, la incomodidad de estar sobre cojines en el piso. Importa que el material dramático que ofrece Aleja a tus hijos del alcohol, es parte de mi historia personal, lo que ha sido de la generación de los nacidos en los 80, se torna ahora material artístico: el tema de La sirenita Ariel de Walt Disney, el Para la vida de la TV cubana aleja a tus hijos del alcohol, las imágenes del proceso de construcción de un edificio de micro brigada, la sensación de una ficción erótica en la ruta de una guagua.

Desde el karaoke escénico y la provocación el director dialoga con la cotidianidad. Aboga desde lo lúdico a no mirar con crisis la realidad. Desde la parodia exhorta al desenfado y a la ilusión. En la búsqueda de dar color, matiz, esperanza, Hernández Suárez da pinceladas a temas como la emigración, el alcoholismo, la prevención. Teatraliza las inquietudes del dramaturgo desde lo descarnado y natural.

En este camino llegan las actrices Hilde Gorpe y Rosalia Roque Guanche. Desde la actuación en primera persona, Gorpe y Roque construyen y desconstruyen el karaoke escénico. La Gorpe desde su formación sueca, baja el tono teatralidad grandilocuente a lo natural. La cercanía del espectador cual lente, le permiten oscilar entre los contrastes de caracterizar a una diva, corporeizar una máscara o hablar en primera persona de su historia personal. En este camino, el español atenuado de la actriz, da matices enriquecedores al texto transita por distintos momentos del karaoke, pausada, distante o alegre. Desde lo extranjerizante presenta el sentir nacional cubano.

Por su parte Rosalia Roque trabaja desde su entrenamiento corporal sus partituras. La actriz hace un despliegue de todo su archivo emocional y físico. Ofrece una sirenita Ariel desde la parodia de una Úrsula, defiende desde sus caderas un tivol, y un pescao que si lo quieres, no te lo da… este es mi pescao y si lo quieres no te lo doy…Este es mi ahogao y para quitármelo me tienes que dar candela…[1]

Las actrices materializan voz y cuerpo, arman, sostienen y presentan Aleja a tus hijos del alcohol como karaoke escénico, como desafío a cantar a jugar al nunca nunca, a introducirnos al espacio subterráneo, y formar parte de esa estructura de cojines rojos que forman parte de nuestra plataforma cultural.

[1] Aleja a tus hijos del alcohol texto inédito de Rogelio Orizondo

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